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Dit verhaal verscheen eerder in Begane Grond, (1992):no.59; vertaling: Analine Morales Soto |
Número equivocado
El momento en que introduce la llave en la puerta, oye sonar el teléfono. Tendrá que correr si aún quiere entrar en conversación. Una, dos tres veces oye los tonos penetrantes en su habitación vacía. Su maleta resbala algún tiempo por los resplandecientes azulejos del pasillo, su sombrero disparado por los aires va a parar en el sofa. Y allí, agachado sobre el florero chino, coge el auricullar en una de los muchos sonares. ‘Hola,’ jadea el ‘Hola,’ responde una voz
dulce, ‘¿hablo contigo, Adam?’ No comprende como es que aquellas palabras le causan completo desconcierto.
¿Será debido al correr por su vivienda vacía? ¿El nombre inusual que suena del auricular? La voz dulce… Sí ahora lo sabe, es aquella voz pues ahí esta nuevamente, más
sonora: ‘Hola Adam, ¿porqué no me respondes?’ El comprueba que la voz suena divertida. Ello le causa placer, sonríe y murmura finalmente: ‘Sí, sí, hola.’ Curiosamente, oye resonar el eco de su voz por la casa, en
la ducha, la habitación, la cocina. ‘Sí, sí, ya respondo.’ Las dulces palabras salen nuevamente del auricular, como hilos de algodon de azúcar. Son fibras que absorbe, se deslizan en su oído, forman una telaraña en su cabeza. Son un todo con los hilos de teléfono. ‘Adam, que sucede, no quieres hablar conmigo, ¿te cansaste de mí?’ Las palabras, el auricular, su oído, los hilos : ahora son todo un conjunto. Lentamente el siente entrar en movimiento. Vuela, resbala por el cable. No le resprende ser tirado de esa manera por esas fibras dulces, pegajosas. Se llena de un sentimiento agradable. Además resulta no ser el único: en los cables hay una actividad animada. La gente vuela hacia él y desaparece de un suspiro. Temor, de que fueran a chocar, no lo tenía. Roza las paredes de vidrio que siente suave como un colchón. Hay ramificaciones, trivios, encrucijades, pero, infalible, sigue su camino como determinado por una fuerza superior. Rayos de luz se disparan ininterrumpidamente por el corredor y sobre aquellas zigzagueantes líneas fluyen las palabras, a lo largo de el, por delante de el, arriba. Sin esfuerzo coge las palabras que son para el. Abre zu boca y se derriten en su luengua, pequeños insectos de azúcar. ‘Adam, cariño, ¿no me quieres ver más?’ Ahora resbla más lentamente sin que haya hecho algo por ello. Aun dobla una esquina, entonces hacia arriba, pasando doce hilos, pero siente que va a parar, lo cual esta bien, pues ahí se encuentra un muro de vidrio. Detras del vidrio vuela una mujer, con la misma velocidad, cada vez más lentamente hasta encontrarse muy cerca, tan solo divididos por el muro de vidrio. Fascinado, recorre su mirada por el cuerpo de ella hasta posar los ojos en sus labios en movimiento. Lee en ellos: ‘Nume… número… equi… equivocado.’ ‘La próxima vez marque con más cuidado,’ grita él y cuelga el auricular con furia. Luego pasa por encima de los restos del florero chino en busca de una escobilla y un recogedor. |